reCitando:


"El cambio es la única cosa inmutable"
Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán


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Wednesday, April 07, 2010

El triciclo rojo.

 El triciclo rojo.
Por Andrés D. Guinea Eguiluz
Link: aqui.

Remontándome al fondo de mi memoria donde se encuentran esos primeros recuerdos de la infancia, tengo uno que se me quedó grabado en la memoria. Por ese tiempo, vivíamos en una casa de la de la colonia Santa Julia, en el Distrito Federal, recuerdo vagamente que dos o tres calles antes de llegar a la casa, había una juguetería con un gran aparador donde se exhibían toda clase de juguetes, ese aparador era una ventana mágica llena de ilusiones para un niño de cuatro años como yo.
— ¿Me compras esa pelota? —Le decía yo a mi mamá, señalando a través del cristal del aparador— o mejor un carro de bomberos como ese.
—viendo tantos juguetes no sabía ni que pedir, de pronto descubrí en un rincón del aparador ¡un triciclo rojo! — ¡Mamá, mamá, cómprame ese triciclo!
—Un día de estos mi´jito —me decía, para no quitarme la ilusión.
Todas las ocasiones que pasábamos frente a la juguetería, ahí estaba mi triciclo rojo esperándome; cada vez era mayor el deseo de tenerlo, soñaba despierto que viajaba con mi triciclo por el mundo de la fantasía, supongo que así pasaron varios meses, a esa edad uno no tiene relación de lo que es el tiempo.
Yo ya entonces decía ¡Mi triciclo rojo! porque lo consideraba mío.
—Un día de estos, un día de estos, —me repetía mi mamá cada vez que le pedía que me comprara mi triciclo rojo—. Sin darme cuenta aun de que cuando mi mamá me decía “un día de estos” era el decirme no puedo comprártelo, pues por ese tiempo mis padres estaban pasando por una situación económica muy crítica. Y la salud de mi padre era muy delicada, sin embargo él heroicamente salía a trabajar para llevar el sustento a la familia.
Llegó la época de Navidad, en la casa en esa fecha mi mamá ponía un pequeño nacimiento y claro que yo participaba en esa construcción colocando borreguitos de barro sobre una verde alfombra de pastle, no podía faltar la cascada de tiritas de papel celofán que descargaba en un pequeño espejo donde había patos nadando, un portal hecho de tiras de madera con un pesebre donde estaban a la espera del nacimiento del niño Jesús.
Días después, Llegó la esperada fecha de la festividad de los Reyes Magos, la noche anterior recuerdo que puso uno de mis zapatos en donde estaba colocado el portal del nacimiento, Esa mañana muy temprano me despertó mi mamá diciéndome — ¡levántate, levántate, ven a ver lo que te trajeron los reyes magos! —Salté de la cama y fui corriendo donde estaba el nacimiento que habíamos puesto en Navidad, a un lado del Niño Dios estaba…
— ¡Mi Triciclo Rojo! —Grité emocionado y montándome inmediatamente en el, en un momento aprendí a manejarlo y después de dos o tres choques con las sillas del comedor, hice de la casa una pista que recorría una y otra vez. ¡Por fin Tenía mi triciclo rojo! Los reyes magos si habían escuchado mi deseo.
Mucho trabajo le costó a mi mamá convencerme de que me bajara del triciclo y fuera a desayunar, pues yo no me quería separar ni un momento de el, así es que desayune ese día con el triciclo rojo a mi lado.
Esa mañana, con el objeto de que yo pudiera andar con mi triciclo con más espacio, mi mamá me llevó a un parque que está cerca de la casa. Recuerdo que estuve recorriendo todo el largo del parque y daba vuelta en la esquina metiéndome cada vez mas sobre el lado lateral, para luego regresar, —¡no te vayas más allá de la esquina! —me decía mi mamá, pero para mi esas advertencias no contaban, para mi eran retos que me iba imponiendo.
En una de las vueltas que di, ví que estaba un niño mas o menos de mi edad jugando con un cochecito en la orilla de la calzada del parque, yo me pare a ver a que jugaba, él estaba con su mamá, cuando me acerqué me dijo —¡que bonito esta tu triciclo! — ¿Te lo trajeron los reyes? —me preguntó—. —Si, —le contesté.
— ¿Con quien viniste al parque? —me preguntó.
—Vine con mi mamá. —Le respondí—. Recuerdo que me pidió si le prestaba mi triciclo a su hijo, a esa edad uno no tiene malicia y se lo presté, recuerdo que me dijo: —Vamos hasta ese árbol y regresamos.
Mi mamá al ver que me tardaba en regresar, fue hasta la esquina del parque y me encontró parado al lado de la banca donde estuvo la señora y su hijo.
— ¿Y tu triciclo? —Me preguntó mi mamá —se lo presté a un niño, le respondí.
—¿Por donde se fue? —Me dijo— yo le señale hacia donde se había ido, rápidamente me cargo y corriendo fuimos a buscar al niño, en el camino le pregunto a unas personas que estaban platicando en una banca, si habían visto a un niño con un triciclo rojo, uno de ellos le dijo que si, que iba con una señora y que mas delante de donde estaban ellos, bajo al niño del triciclo y cargándolo, había atravesado la calle, pero ellos no le dieron importancia puesto que suponían que el triciclo era de ese niño. Después de mucho buscar nos rendimos; ¡había desaparecido mi triciclo rojo!
En un momento desapareció mi sueño. Ese sueño que tanto tiempo había anhelado. No recuerdo como ha de haber sido la cura de mi desconsuelo, pero estoy seguro de que pasó mucho tiempo para yo pudiera olvidar los momentos mágicos aunque muy breves que pasé con mi triciclo rojo; para mi, este suceso se me quedó grabado y me ha hecho meditar mucho en la vida, pues durante el transcurso de ella, pasamos por situaciones similares y difíciles, en un momento perdemos todo lo que habíamos logrado con mucho esfuerzo o con mucho tiempo invertido en lograrlo.
En la vida, hemos tenido muchos “Triciclos Rojos” que se han perdido o que nos los han sido robados, esos triciclos rojos son los deseos qué buscamos y qué anhelamos durante mucho tiempo y que cuando por fin lo logramos tener, por azares de destino los perdemos, quedado solo un efímero recuerdo de felicidad que nos dieron por breves momentos.
La vida nos enseña que en este mundo nada es durable, que si el destino, nos roba los gratos momentos y nos quita de un tajo la felicidad, también ese destino nos ayuda a resignarnos y seguir luchando para obtener otro deseado “Triciclo Rojo”.
Ahora que escribo esta triste anécdota de mi niñez, a sesenta años de distancia, me imagino el coraje y la rabia que ha de haber sentido mis padres, ellos también en esa ocasión, se les perdió “Un Triciclo Rojo” al ver que todos sus sacrificios y esfuerzos hechos por ellos cediéndoles a los Reyes Magos el merito del regalo para darle una felicidad a su hijo, ellos en ese día también había perdido en un breve momento su triciclo rojo.
Al niño que se fue con mi triciclo y que le llegó sin que lo hubiera anelado tanto, espero que lo haya gozado tanto como yo lo hubiera hecho, su madre, quizás estaba más necesitada que mis padres y aunque lo que hizo fue malo y reprobable, en ese momento vio y tuvo la oportunidad de darle a su hijo algo que quizás ella nunca hubiera podido obtener.
No se cuanto tiempo mas tenga dispuesto El creador para mi vida, pero me gustaría que cuando fuera yo llamado por él, llegue con mi alma despojada de todos los defectos que nos va poniendo la vida, que llegue yo a su presencia con el alma de un niño de cuatro años, montado en un triciclo Rojo, para recorrer en él, todos los caminos del cielo

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Nota: Gracias  Susy, por compartir este cuento conmigo.

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