reCitando:


"El cambio es la única cosa inmutable"
Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán


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Monday, August 02, 2010

UNA FLOR PEQUEÑA Y AMARILLA.




Una noche, no hace mucho, soñe con una  flor pequeña  y amarilla que se erguia  sola  y tímida  en  medio de un campo nevado.

Pero entonces me percate de que aquello que la rodeaba no era nieve, sino cenizas.
En mi sueño recorde, que este sitio alguna vez habia sido un verde campo lleno de vida y alegria. Y ahora, se encontraba convertido en un morbido lugar donde imperaban las sombras y el silencio sepulcral.

Mas ella, la flor, se mecia con el viento y se estremecía.
Como queriendo descubrir otras flores en su entorno que le ayudaran  a regresar el color y la vida que alguna vez había reinado en dicho lugar.

Y ya sea por que habian sucumbido ante el peso de la ceniza, ya sea por que se encontraban escondidas tras alguna  piedra, o simplemente por que estaban demasiado lejos para percatarse que eran buscadas y necesitadas, pero sobre decir... que no encontro a ninguna.

Simplement no encontro a nadie mas.

Sin embargo ella seguia resplandeciendo sin que el gris de la ceniza opacara sus petalos.
Ella seguia firme, generando oxigeno aun y cuando no hubiera nadie para compartirlo.
- al parecer  es debió  ser lo mas difícil, por que por un instante creí verla languidecer.

Y yo la veia y me preguntaba:

¿como se puede seguir resplandeciendo cuando todo a tu alrededor se derrumba  y se esfuma? ¿como se pude seguir luchando por la vida cuando pareciera no haber vida por la que valga la pena luchar? Ante tal soledad... ¿como seguir creyendo que tu vida tiene sentido y propósito? Ante tal adversidad... ¿como seguir siendo fiel a tu propia identidad?

Tal vez por que sus raices eran profundas, es que ella seguia siendo firme.
Tal vez por que seguia sintiendo  el sol en lo alto, es que seguia fortaleciendose.
Tal vez por que se permitia las caricias del viento, es que podía sacudirse la ceniza.

Y tal vez sea por que era parte de mi sueño, que yo podia escucharla respondiendome estas cosas.
Y así fue como mi sueño  prosiguió.
Y la flor...  finalmente murió.
Y yo,  desperté.

Desperté para sentir lo terso de sus petalos entre mis dedos.
Desperté para percibir su dulce  fragancia inundando mis sentidos.
Desperté para buscar un sentido y propósito  a mis  pasos, a mi vida...
a mis acciones.

Y esa noche cuando volvi a dormir, soñé.
Soñé con un inmenso campo repleto, lleno, inundado de flores pequeñas y multicolores. Flores que majestuosas se erguían resplandecientes bajo el sol y que con la ayuda del viento, esparcían por el mundo sus semillas. Un campo donde en un momento  hubo solo una pequeña y amarilla, valiente, flor.

eugenio abraham

2 comments:

Anonymous said...

super, me gusto mucho tu poema, lindo,

eugenio abraham said...

gracias :)

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